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Trayectoria

Formación
 

Convencido de que el arte es la expresión de un espíritu libre, Juan Carlos del Valle (JCDV) optó, desde su formación, por un camino ajeno al del orden establecido.

Apasionado por la pintura y la creación cinematográfica, trabajó como ayudante de producción del cineasta mexicano Paco Murguía antes de ingresar a la carrera de Comunicación en la Universidad Iberoamericana, en la Ciudad de México.

Decepcionado de la enseñanza académica, abandonó los estudios curriculares dispuesto a construirse una formación seria, rigurosa e independiente de las normas dictadas por las tendencias del sistema artístico global. 

Admirador del virtuosismo pictórico premoderno y desconfiado de la libertad artística de los lenguajes neoconceptuales, Juan Carlos del Valle inició en 1995 su formación en el taller del Maestro Demetrio Llordén (España 1931, México 2000) en la Ciudad de México.

Conocedor profundo de las luces, atmósferas y escenografías del realismo español decimonónico, Llordén acompañó a JCDV de 1995 a 2000 inculcándole una disciplina dibujística y pictórica que, en esos años, era extraña en el escenario mexicano.

Centrado especialmente en los géneros del retrato y la naturaleza muerta –aún cuando también realizó desnudos y paisajes-, JCDV desarrolló un virtuosismo dibujístico y pictórico que sobresale por una fuerte y dramática potencia expresiva centrada en los contrastes lumínicos.

A la muerte de Llórdén, JCDV continuó durante un año su formación bajo la tutoría del Maestro José Manuel Schmill (México 1934). Pintor interesado en poéticas expresionistas de temáticas relacionadas con la maldad y oscuridad humana, Smill introdujo a JCDV en un discurso relacionado con la ficción de los comics o historietas negras.

En 2001, JCDV abandonó la etapa formativa iniciando la construcción de un lenguaje propio que se basa en la reflexión sobre la realidad y en la exploración de su interpretación artística.

Etapa Formativa (1995-2001)
 

Sorprendentemente virtuoso en el manejo expresivo de la luz y la oscuridad, JCDV  cuenta con una etapa formativa que varios teóricos han considerado, equivocadamente, como una etapa madura.

Acotada entre 1997 y 2001, esta etapa se caracteriza por la realización de bodegones, retratos, tipologías costumbristas y desnudos en lenguajes realistas, que destacan por la potencia de sus poéticas expresionistas de fuerte contraste entre la luz y la oscuridad.

Además de las pinturas de tersas superficies, en esta etapa sobresalen los magistrales dibujos al carbón y al carbón acuarelado.

Interesado en el dramatismo de los contrastes de luz característicos de los realismos del cine alemán y mexicano realizado entre 1930 y 1960, JCDV desarrolló con Llordén un lenguaje dibujístico propio con abiertas referencias a poéticas cinematográficas.

Teniendo como tema la interpretación de tipos, objetos y naturalezas referentes a la identidad cultural de lo mexicano, JCDV inició una propuesta en la que el oficio tradicional se fusiona con el efectismo de las estéticas de las imágenes tecnológicas.

Notorios también en el conjunto resultan los retratos en los que, mediante un expresivo contraste entre la luz, la sombra y la oscuridad, el artista inicia la representación de emociones humanas que caracterizará a toda su obra.

Hábil desde su formación con el dibujo a línea de realización inmediata, el artista  logró atrapar desde esta etapa, la esencia corporal y emotiva de animales y personas.


Etapa Exploratoria (2002-2007)
 

Al independizarse de la tutoría de Schmill, JCDV inicia una constante exploración creativa que se basa en una doble reflexión de lo real: la esencia y pluralidad de la realidad, y su interpretación artística.

Conocedor profundo de las alteraciones que ejerce la luz en la percepción de la realidad, JCDV inicia una deconstrucción de los realismos realizados bajo los modelos del arte decimonónico español.

En lo que se refiere a los bodegones, el artista extrae elementos –alimentos, cráneos-  que convierte en protagonistas, abandonando la tradicional puesta escenográfica del género. En cuanto a los retratos, éstos se alejan cada vez más del testimonio del personaje para incidir en la presentación de las emociones humanas.

Obsesionado cada vez más por crear un realismo que atrape el momento inmediato  de la realidad, JCDV opta por una acción creativa rápida, decidida y vigorosa, que busca atrapar el instante de la realidad antes de que se presente un cambio de luz.

En lo que respecta a la pintura, además de enfatizar la abstracción y la materialidad de las pinceladas enérgicas, JCDV se introduce en poéticas conceptuales a través del protagonismo de la ejecución.  Una ejecución enérgica y potente que descarga, en la aplicación violenta de materia pictórica, una parte de la representación de la realidad.

Con una figuración deconstruida cada vez más en lenguajes abstracto-matéricos, el lenguaje pictórico de JCDV inició una expansión que sustituyó la representación de la  realidad por la presentación de una verdad oculta de esa realidad. Desde esta perspectiva  y  con representaciones trabajadas a manera de metáforas, los rostros se convirtieron en la presentación de sentimientos y las frutas adquirieron una presencia corpórea capaz de manifestar lo humano.

Importante en esta etapa es la incursión del artista en la invención de tipos y seres ficiticios que, trabajados en poéticas realistas, oscilan entre la verdad y la ilusión.

Realizados al carbón con poéticas de fuertes contrastes que provocan una inquietante presencia que oscila entre la realidad y la ficción, JCDV realizó una espléndida serie de Monstruos que presentan algunas tradiciones populares de terror como El Coco y la Ouija. 

También en el territorio de las invenciones pero realizadas a través de la pintura, el artista evocó el ambivalente misterio de las noches de luna y de la presencia pública de un muerto.

Presentes también en esta etapa se encuentran los dibujos de realización inmediata. Realizados a partir de modelos provenientes del cine y la televisión, JCDV utiliza la fisonomía estereotipada de Jesús o de Napoleón para evocar emociones y condiciones humanas como el poder y el compromiso con la humanidad.


Etapa Constructiva (2008-2009)
 

Definido por una creación inmediata, en la que la figuración se expande contundentemente hacia la abstracción, el lenguaje de JCDV derivó en un vocabulario de fuerte carga matérica en la que predomina la evocación de la dualidad: de la realidad, de la condición humana, de la luz y de las poéticas artísticas identificadas como figuración y abstracción.

Producidas a partir de una acción creativa exaltada, en la que la carga matérica se convierte en una extensión de la emotividad del artista, las obras de esta etapa sorprenden por esa dualidad en la que la realidad y la ficción se fusionan en el misterio de un realismo dual que incide en lo figurativo y lo abstracto.

Oscilante entre la figuración y la abstracción, el realismo de JCDV, si bien se basa en la seducción y dramatismo de los realismos tenebristas decimonónicos, se desprende de su origen integrando protagonistas  contemporáneos que lo hermanan con el arte pop y erl arte conceptual. 

Insolente y libre ante la elección temática, los realismos abstracto-figurativos de Juan Carlos del Valle inquietan por su evidente dualidad. Ya sea a través de alimentos como un pastelillo industrial o como Rostros –ya no retratos-, que se transfiguran en la gestualidad de un enérgico pincel, los realismos de Del Valle remiten a una meta realidad que se encuentra más allá de la realidad visible.

Con dibujos de creación inmediata que atrapan la esencia humana a través de la expresividad lineal de referencias corpóreas y,  con pinturas empastadas que siempre dejan un residuo para interpretar, la obra de Juan Carlos del Valle plantea un realismo dual que oscila y, al mismo tiempo se define, como figurativo, abstracto, ficticio y real.

 

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